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  • Leo Corry

Emmy Noether (1882-1935): Una matemática judía frente al ascenso de los nazis en Alemania

Hace cien años, Emmy Noether fue la primera mujer a la que se le otorgó pleno derecho a enseñar matemáticas e investigar en una universidad alemana. A pesar de su extraordinario talento científico, Noether tuvo que enfrentar tremendos obstáculos como mujer para poder desarrollar su carrera plenamente. En el clímax de su fama internacional las leyes raciales promulgadas en Alemania en 1933 la obligaron a dejar su posición académica y emigrar a los EEUU. La discriminación a que fue sometida por su doble condición de mujer y de judía, que además tenía inclinaciones políticas muy definidas y no populares en Alemania, ofrecen una perspectiva interesante para repensar temas que seguimos confrontando diariamente.




Emmy Noether fue una investigadora muy talentosa y original, y una mujer muy valiente. Sus contribuciones a la física matemática fueron decisivas para la fundamentación de la teoría general de la relatividad en sus años iniciales y el mismo Einstein la calificó como una de las mentes más brillantes que conoció. Sus contribuciones a las disciplinas más abstracta de las matemáticas cambiaron a fondo el rostro de la disciplina en la primera parte del siglo XX y mucho más allá. Pero en 1933, a raíz de la subida al poder de los nazis y la promulgación de leyes raciales que no permitían a judíos desempeñar cargos como funcionarios públicos (incluyendo cargos de docencia universitaria), se vió obligada a dejar su posición académica y a emigrar de Alemania.

En Junio de 2019 se celebró en Berlin una conferencia internacional para marcar el centenario de la aprobación de su Habilitation. En el sistema académico alemán, se trata de una fase esencial y necesaria, una especie de segundo doctorado, que se requiere de toda persona que quiera desarrollar una verdadera carrera de investigación y poder obtener una plaza académica permanente. Emmy Noether fue la primera mujer en sobrepasar ese obstáculo, a pesar de la fuerte oposición de profesores veteranos cuya opinión fue consultada.


"Nuestra opiniónescribió el ministro de educación alemán en 1919, en respuesta a la solicitud de aprobar el rango oficial de Noether como investigadora en matemáticas en la Universidad de Gotingaes que sólo en casos muy excepcionales la cabeza de una mujer puede llegar a ser creativa en materias matemáticas."

Noether se incorporó en 1915 a la Universidad de Gotinga, en donde habían trabajado luminarias como Gauss y Riemann, y que llegó a ser la meca de las ciencias exactas desde principios del siglo XX. Una típica pequeña ciudad alemana, Gotinga era el lugar al que acudían ambiciosos jovenes de todo el mundo con intenciones de desarrollar una destacada carrera científica. "¿Qué pensarán nuestros soldados que regresan del frente—preguntaban los distinguidos profesores en el Senado de Gotinga al explicar por qué no apoyaban el nombramiento de Noether—al enterarse que cuando acudan a clases, escucharan lecciones de la boca de una mujer?" El Ministerio de Educación Superior respondió a la solicitud de aprobar el grado de Noether con estas palabras: "Nuestra opinión es que sólo en casos muy excepcionales la cabeza de una mujer puede llegar a ser creativa en materias matemáticas". El proceso de Habilitation de Noether se completó con éxito en 1919, gracias a los decisivos esfuerzos de un pequeño grupo de científicos locales que nunca se dejaron influenciar por este tipo de prejuicios. A la cabeza de ellos estaba David Hilbert, el matemático alemán más destacado de la época. "No veo por qué razón—dijo Hilbert con típica ironía a sus colegas opositores—el género del candidato debería ser un obstáculo para su nominación. Después de todo, se trata del Senado de la Universidad y no de una institución de duchas públicas". Después de haber sido promovida, Noether se convirtió rápidamente en una gran estrella brillando en los cielos de la matemática internacional. Pero su fenomenal éxito, así como el de muchos otros científicos judíos de su época, se hizo añicos frente a la amarga realidad que sobrevino en Alemania con el ascenso de los nazis al poder en enero de 1933. En abril de ese mismo año se promulgó una ley que prohibía la participación de judíos como funcionarios en el servicio civil, incluyendo cargos académicos, a judíos y a otros ciudadanos, quienes por sus opiniones políticas y su oposición al gobierno, eran considerados enemigos de la nación alemana. Como suele suceder con las leyes particularmente racistas, abusivas y discriminatorias, esta ley tenía un nombre no particularmente amenazante, que inclusive parecía infundir una cierta esperanza: "Ley de Rehabilitación del Servicio Público Profesional". El mismo día en que se promulgó la ley, muchos profesores que habían trabajado en universidades de toda Alemania fueron despedidos, incluida Noether y otros siete de sus colegas judíos en Göttingen. Fue el primer paso de un proceso que condujo a la rápida eliminación de la gloriosa empresa científica de Gotinga y, más tarde, al amargo destino que aguardaba a los judíos de Alemania. Unos días después de los despidos masivos, muchas universidades de Alemania, incluida Gotinga, celebraron ceremonias públicas de quema de libros ante los vítores de la multitud entusiasta, incluidos algunos profesores alemanes muy destacados. Pero, por difícil que parezca, ni la propia ley ni su rápida y amplia implementación fueron la expresión más trágica de lo que sucedió en esos días en las principales universidades alemanas. Lay ley provisionabas leves excepciones para casos especiales. Por ejemplo, a petición del alto mando militar, judíos que sirvieron en el ejército alemán en el frente de batalla en la Primera Guerra Mundial quedaban excluídos de la ley y podrían seguir en sus funciones. Quedaban bajo ese renglón de excepción dos profesores judíos en Gotinga, incluido Edmund Landau, quien unos años antes había pasado dos años en Jerusalén y estableció allí el famoso instituto de investigación matemática de la Universidad Hebrea. Pero fue allí el momento en que organizaciones de estudiantes nazis intimidadores se encargaron de completar la "purificación", en aquellos lugares donde incluso esta ley racista permitía excepciones, y literalmente bloquearon la entrada a las aulas de cualquier estudiante que quisiera escuchar a estos excelentes científicos. Los matones hicieron esto mientras en la Primera Guerra Mundial vestían los uniformes marrones de su movimiento, para eliminar cualquier duda sobre su identidad e intención. De hecho, mucho antes de que se promulgara la ley, y que los profesores judíos fueran expulsados ​​por la fuerza, estos grupos de matones, guardianes autoproclamados de su patria y de su raza, participaban demostrativamente, uniformados y en ocasiones ondeando banderas, en las clases de cualquier profesor cuyas opiniones o cuyo origen ellos consideraran como ilegítimo. Recopilaron listas negras de profesores que no coincidían con sus puntos de vista y utilizaron todos los métodos posibles, incluida la violencia física, para disuadir e intimidar a profesores y estudiantes que negaban alinearse a la ideología que ellos quisieron imponer. Al aprobarse la Habilitation de Noether en Gotinga se abireron las puertas ante más mujeres que comenzaron a unirse, aunque lentamente, al mundo del liderazgo científico en Alemania. Cien años después de ese paso pionero, tuve el honor de haber sido invitado a la conferencia de Berlin en 1919, con el fin de presentar a mis colegas alemanes una imagen general sobre el trabajo de Noether y su impacto sobre las ciencias matemáticas en el siglo XX. Como judío y como profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Tel Aviv, acepté humildemente pero con orgullo esta honorable invitación, considerándome como representante de todos mis colegas locales. La historia de Emmy Noether, que a pesar de su impresionante talento tuvo que soportar una doble discriminación, como mujer y como judía, miembro de una minoría nacional y religiosa perseguida, y además con inclinaciones políticas muy definidas y no populares en Alemania, debe servirnos como signo de advertencia y agudizar nuestra sensibilidad personal e institucional sobre los peligros del racismo y del nacionalismo sin frenos. Es parte de la historia más amplia—y dolorosa—de las universidades alemanas en esos días oscuros, y del comportamiento despreciable de profesores y estudiantes que asumieron el liderazgo violento de "la pureza nacionalista". No hay duda que podemos aprender de esto una leccion de validez universal, pero también, y mucho más que eso, una lección que debe aprenderse con particular atención en nuestra dolida y profudamente dividida sociedad israelí, donde el hate speech y la violencia ante la disidencia se hacen cada vez más comunes. -------------------------------------------------------------- Foto credit: Emmy Noether, circa 1930. Universitäts-Archiv Göttingen. Public Domain.



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