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Otra Semana De Rutina en Israel

  • Writer: Leo Corry
    Leo Corry
  • Feb 7
  • 10 min read

Updated: Feb 8


Termina otra semana rutinaria en nuestro dolido país. Por varias semanas consecutivas hemos tenido una serie de muy buenas lluvias. Entre una y otra, han habido días muy agradables y bien soleados, lo cual ha ayudado a que las flores se den por montones en los campos y en los bosques.



Un sábado con clima tan agradable como lo es hoy saca a centernares de miles a pasear en la naturaleza,



lo cual no siempre permite disfrutar a gusto del paisaje que se llena de familias, congestionamiento de tráfico en vía a los parques, ruido de motos y música full volume, y ... desafortunadamente ... bastante basura.



Sin embargo, con un poco de experiencia y buena suerte, es posible llegar a lugares más retirados y menos concurridos, donde todavía queda algo de silencio y tranquilidad, y la naturaleza se conserva razonablemente bien.



Pero la verdad es que incluso la posibilidad de llegar a lugares retirados y pastorales en un sábado lleno de sol, no nos aleja del ajetreo, la angustia, y la violencia que caracterizan la vida cotidiana en Israel. En las últimas semanas, en particular, la gente ha estado intercambiando con frecuencia opiniones fatalistas ante la potencial inminencia de un nuevo ataque de misiles balísticos iraníes, y hasta se hacen apuestas sobre la probabilidad de que esa amenaza se vuelva realidad, cuándo, y con qué intensidad. A la vez, nuestro primer ministro sigue con su campaña de ataque y división interna, escapándose a toda costa de la posibilidad de una comisión de investigación nacional sobre la debacle del 7 de octubre, ensañándose con la fiscal general y con el presidente de la corte suprema de justicia, y llamando junto con la máquina del veneno a desacatar las decisiones del poder judicial.


Netanyahu responsabiliza de la masacre de octubre en toda ocasión a los líderes de los cuerpos de seguridad, ejército y Shabak. Y en efecto, ellos fracasaron en su misión primordial de defender a la población civil, aunque después supieron recuperarse rápidamente y luego asumir sus responsabilidades. Muchos de los comandantes abandonaron voluntariamente sus posiciones y la escena pública. Netanyahu, por el contrario, continúa aferrándose al poder y fortaleciendo ante el público la narrativa según la cual él siempre ha sido el gran salvador del pueblo judío y no el máximo responsable de la debacle ante el Hamás, así como de los terribles procesos que en nuestro país conducen día tras día a la profundización de la corrupción y a la disfunción total de los 33 ministros y vice-ministros que componen el gobierno--la mayoría de ellos en ministerios que nadie sabe adivinar para qué existen y cuáles son sus objetivos, excepto facilitar la transmisión de fondos públicos a allegados políticos.


En general, una gran ola de violencia cada vez más intensa se manifiesta en todos los aspectos de nuestra vida. En la sociedad árabe-israelí, dentro de los límites de la línea verde, van en lo que lleva de año 37 víctimas mortales, un promedio alarmante de mas de un asesinato por día, y la cuenta sigue subiendo. El año 2025 se cerró como el más sangriento registrado hasta la fecha, con un total de 252 personas asesinadas dentro de la comunidad árabe israelí. El año 2023, cuando asumió el gobierno actual, representó el primer gran salto en la estadística, con 244 víctimas, más del doble respecto al año anterior durante el gobierno corto de Bennet-Lapid. El ex-criminal convicto de apoyo a organizaciones de terror, Itamar Ben Gvir–a quien Netanyahu otorgó desde el inicio de este gobierno el flamante título de ministro de seguridad nacional, y quien se ha apoderado aplastantemente desde dentro del control de la policía–no tiene la más mínima idea de lo que debe o puede hacer al respecto, y más aún, no ve en la muerte de ciudadanos israelíes en la sociedad árabe (o en la violencia en general) un problema que deba preocuparlo. Para él, mientras más árabes mueran, ciudadanos o no ciudadanos, mejor. Su única arma es la agitación y las provocaciones contra sus críticos, como si todavía él fuera un sedicioso callejero, amenazando en poner sus garras sobre Rabin, como lo hizo en noviembre de 1995, un par de semanas antes de su asesinato.



La violencia de los colonos (y sobre todo de los vándalos criminales descritos románticamente con el nombre de “los jóvenes de las colinas”) contra la población campesina árabe del otro lado de la línea verde se agrava cada vez más, bajo el amparo y la incitación de rabinos irresponsables y mientras el ejército se hace la vista gorda y les da libertad de acción. Esta violencia ha llegado a tales proporciones que el Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Eyal Zamir, declaró hace unos días que estos ataques nacionalistas (dirigidos continuamente también contra el ejército en la pocas ocasiones en que tratan de intervenir–como es su obligación–en defensa de las víctimas) son contrarios a los valores del Estado de Israel y del Ejército, y no serán tolerados por las fuerzas de seguridad. Sí claro … y dónde estabas hasta ahora? 




Y al degradarse las normas de lo que está permitido moral y jurídicamente y lo que no, la violencia se desborda en todos los aspectos de nuestras vidas: en las vías congestionadas de Israel que son un verdadero campo de batalla a diario, contra los choferes autobús totalmente desprotegidos ante la violencia de cualquier pasajero falto de escrúpulos, en la knesset, en los tribunales, en las redes sociales por supuesto, y hasta en los colegios, donde maestros y alumnos son atacados impunemente por adolescentes y padres que imitan el comportamiento de los líderes políticos y las turbas que los acompañan. No estoy hablando de violencia de parte de terroristas, sino de violencia de parte de ciudadanos israelíes, árabes y judíos por igual. Nunca escucharemos a Bibi o a cualquier otro líder político censurando claramente esos actos, ya que se trata de la base electoral del bibismo, con la que nadie se enfrenta si es que quiere sobrevivir políticamente. 



En este post quisiera compartirles un par de textos que pueden interesarles y que se refieren, desde distintos ángulos, a los aspectos violentos de nuestra vida en este país. El primero es un comentario que publicó en su página de Facebook mi hija Avigail. Se refiere a un video donde se ve cómo un grupo de “jóvenes de las colinas”, con el típico corte de pelo que los identifica, dirigidos pesonalmente por su rabino, con paso arrogante y agresivo de quienes se sienten indisputablemente los Señores de la Tierra, irrumpen agresivamente un paseo de un grupo de alumnos de un colegio de la ciudad árabe de Sajnin, al norte de Israel, y les rocían gas lacrimógeno, humillando a sus maestros y asustándolos hasta la médula sin ninguna razón directa, más que desplegar su supremacía.


Pueden ver el post en este link, y llevarse una impresión directa de lo que es un acto que pasó totalmente ignorado en los medios, y es respresentativo de una realidad violenta muy generalizada.


El comentario de Avigail en hebreo aparece en este link. Lo traduzco aquí al español:


Este es el rostro del mal. El rostro del mismísimo diablo. La mayoría de ustedes (en Israel) probablemente ni siquiera han escuchado de este suceso ¿Qué razón existe para que algo así sea mencionado en los noticieros israelíes? A fin de cuentas se trata de no más que algunos niños árabes, ¿a quién le importa? Y no cabe duda de que de todas maneras ellos deben ser culpables de algo. Culpables de haber nacido árabes y de salir a su paseo anual en la naturaleza con sus compañeros de clase. 


Quisiera llorar, quisiera gritar … esta indiferencia constante ante la violencia me saca de quicio. ¿Y por qué algo así tendría que causar tanto revuelo? Se trata de otro día cualquiera en el paraíso del pueblo elegido. 


Tómense dos minutos para leer los comentarios en línea y pongan cara de sorpresa al descubrir que Yossi Cohen de Hadera, por ejemplo, nos asegura sin dudar: "No puedo creer que esos jóvenes judíos hayan sido los que empezaron. Seguro que los niños árabes debieron haberles hecho algo primero". 


¡Qué suerte tenemos de tener un Ministro de Seguridad Nacional que nos garantice una profunda y absoluta confianza en nuestra superioridad racial y en nuestro derecho a sembrar el terror a nuestro antojo!


Pero la verdad es que la violencia de los colonos es un cuento que lleva ya muchos años y nadie hace nada por detenerla. Más bien, es obvio que a muchos políticos les conviene que haya grupos violentos que hagan de esta manera el trabajo sucio que muchos apoyan en silencio a la vez que se desentienden. Podría traer muchos ejemplos de el uso de grupos de este estilo, que se dieron en la historia de los peores regímenes del siglo XX, pero le dejo a los lectores el hacerlo cada uno por su lado. Me limito a poner acá algunos videos de entre los centenares que ejemplifican esa violencia cotidiana, que se hace impunemente en nuestro nombre, y en realidad en nombre de todos los judíos del mundo, para gran desgracia.





Para esta gente, hasta el mínimo acto de disfrutar días soleados o criar a sus chivos le debe estar permitido sólo a judios. La violencia de estos grupos no perdona ni a pobladores árabes que pasean a gusto en los parajes cercanos a sus casas, ni a sus rebaños, como pueden ver en las escenas de los dos videos que siguen, que pueden verse sólo en el website de YouTube, por lo fuerte de su contenido.




Y no digan después que no lo sabían.



Un texto un poco diferente, pero también relacionado con la violencia generada por la superioridad judía abominable de gente como ésta, aparece en una entrevista realizada a mi colega en la Universidad Abierta de Israel, Yagil Levy. La entrevista se publicó en la plataforma digital K., que es una revista online fundada por académicos y periodistas de toda Europa, destinada a ofrecer una visión panorámica de la experiencia judía contemporánea en el continente, y alejándose, según el testimonio de los editores, de la cultura de la confrontación. 


Yagil Levy es un reconocido sociólogo israelí, cuyo campo de investigación enfoca la relación compleja entre la sociedad israelí y nuestro ejército. Su visión es muy crítica, a la vez que minuciosamente informada. Hace algunas semanas Yagil Levy organizó un simposio académico dedicado a analizar la manera en que la retórica pública insistente sobre la venganza en Gaza ha afectado directamente el comportamiento de los soldados desde el inicio de la guerra. El mero hecho de haber anunciado el simposio atrajo atención y controversia, y hasta amenazas físicas por elementos de la extrema derecha. Pueden leer al respecto en un artículo que publicó en Haartez, unos días después del simposio, y que les presento acá en su traducción al inglés (presionando el ícono > a la izquierda del título).



Nos gusta alardear en todos lados de nuestra venganza contra los palestinos en Gaza. ¿Por qué no podemos hablar de eso también en las universidades israelíes?




A few weeks ago, I organized an academic conference on the subject of revenge in Gaza at the Open University of Israel. I invited five speakers who are among the leading researchers in this field. I knew the conference would generate interest, but I did not expect a storm.


As soon as it was announced, the university was inundated with demands from right-wing circles to cancel the gathering. It is to the credit of the university's president, Prof. Leo Corry, that he stood up to the pressure. It was argued that the conference presents the war in Gaza as a war of revenge rather than as a defensive war against a brutal enemy, and that the conference even constitutes incitement against Israel Defense Forces soldiers.


That was surprising. After all, if there is one thing on which there is no dispute, it is that the discourse of revenge has been prominent since October 7, when Prime Minister Benjamin Netanyahu vowed to "forcefully avenge this dark day." In the past, such talk was considered beyond the pale; any vengeance that emerged was cloaked in the guise of a different value, such as "retribution."


But in this war, revenge was presented not just openly but with pride. For example, soldiers filmed themselves blowing up homes and gloating about it. So why is it that taking revenge and boasting about revenge is permitted, but academia is forbidden from talking about it?


The discourse of revenge not only gives meaning to actions and guides the need for revenge; it is also a kind of symbolic resource, given to those who would avenge. Vengeance turns them into not only those who sacrifice for the common good but also into those who imbue revenge with meaning, which gives them prestige and recognition. In the case of Gaza, revenge became an identity resource for the Haredi Zionist stream and for combat soldiers with a blue-collar background who carried it out.


The Haredi Zionist stream gave revenge theological meaning: In addition to targeting the Palestinian residents of Gaza as the modern representatives of Amalek, it was also seen as fulfilling the mission of the Jewish people to destroy evil in the world.


Thus, the war was imbued with a meaning that went beyond its strategic objectives, a meaning that only the Haredi Zionist stream can give it and that aligns with the government's goal of total victory.

As for working-class combat soldiers, vengeance gave them the right to take pride in the unfettered use of force, a right that for years the traditional military elites had denied them, in the name of morality and legitimacy. It's no coincidence that revenge did not serve as an identity resource for members of the elite units in general and the air force in particular. They used violence, but not in the name of naked, overt revenge.



Israeli soldiers in Gaza. Credit: IDF Spokesperson's Unit


If revenge is also an expression of identity, then the attempt to criticize it may encounter resistance fueled by identity politics. Such criticism is perceived not only as a moral reservation but as an attempt to deny the groups being criticized a resource that the discourse of revenge has granted them.


This explains the fierce opposition to any attempt to render justice in the Sde Teiman affair; the detention facility by that name also served as a site for meting out revenge that was seen as legitimate. The office of the military advocate general, a relic of the Israeli military's traditional elites, sparked outrage when it tried to disrupt this. So did the journalist Guy Peleg, who published the video that the MAG leaked.

We can also understand from this why it is that when Israeli academia debates revenge, it is suspected at the outset of treating it critically – that is, of seeking to deprive both groups of the symbolic resource the war gave them. Particularly in light of the fact that the war, which left Hamas intact, seems to have left us with revenge, but also with less security.




La entrevista en la plataforma digital K. se efectuó a raíz del simposio. Yagil Levy describe en ella algunos de los cambios profundos que han afectado al ejército israelí en las últimas décadas y sobre todo en los últimos años. Es posible que sus opiniones sean ofensivas para algunos lectores, pero yo considero importante que todo lector que se interese en la realidad israelí y por los procesos que afectan a nuestro ejército escuche esta perspectiva y la analice críticametne, para bien o para mal.


Les dejo acá una enlace al formato digital de la entrevista y que cada uno de los lectores las enfoque según su propio juicio.  




Mañana comienza otra semana de rutina en nuestro dolido país. Hay que levantarse temprano y salir a trabajar, para hacer lo posible por mejorar la situación general de nuestra sociedad. Yo apuesto a que no habrá en los próximos días ataque iraní. Espero no equivocarme. Pero no sé si la violencia interna disminuirá.







 
 
 

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