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  • Leo Corry

Fotos de la victoria

Existe ya un amplio consenso entre los analistas, que esta vuelta del enfrentamiento militar entre Israel y Hamás está totalmente exhausta, y que hay que hacer lo posible por terminarla lo antes posible, no vaya a ser que hagamos un error letal del cual vayamos a arrepentirnos. La razón por la cual eso no ha pasado todavía, en lo que corresponde al lado de Israel, es el deseo de llegar a la anhelada “foto de la victoria”, que le demuestre al pueblo, que todos los sacrificios de estos últimos días no fueron en vano, que le dimos durísimo al Hamás (“… como nunca antes le habíamos dado …” – que es lo que siempre se dice en estas circunstancias), y que se lograron con sobra los objetivos que el gobierno definió.



Por supuesto que todo es una gran mentira y no hay quien no lo sepa: ni se definieron objetivos claros contra el Hamás del lado de Israel, ni mucho menos se lograron. Y es precisamente por eso que la anhelada “foto de la victoria” se hace cada vez más urgente.


Qué bueno sería poder mostrar una foto de Yihia Sinwar, líder militar del Hamás, suplicando de rodillas y con una bandera blanca que cesemos el fuego, o del cadáver quemado del archi-terrorista Muhammad Def, que se nos sigue escapando batalla tras batalla. Ese es el gran sueño tanto del liderazgo israelí y como del ciudadano de a pie, y eso ayudaría a culminar la guerra de inmediato con una sensación clara de que los derrotamos. Pero no creo que algo así vaya a pasar en realidad en este momento.

Fotos de victoria han sido un símbolo importante a lo largo de la historia de Israel. La guerra de independencia nos dejó la famosa foto de marzo de 1949, en la que Abraham Adán (Bren), en aquel entonces joven capitán en el Palmach y miembro del kibutz Nirim (y años más tarde destacado general que en 1973 se vio envuelto en una “guerra de generales” con Ariel Sharon, ambos pensando que les correspondía la gloria por la victoria en Sinai), trepándose en un asta con una bandera de Israel improvisada con un bolígrafo azul sobre una sábana blanca, después de haber conquistado la guarnición árabe de Um-rashrash, en lo que es hoy la ciudad de Eilat.



Más famosa, tal vez, es la de Junio de 1967, cuando el celebrado fotógrafo David Rubinger eternizó a los agotados paracaidistas que habían llegado al muro de los lamentos en la guerra de los seis días.


Los paracaidistas del 67 en el muro de los lamentos. A la derecha, los tres soldados en 2017: Zion Karasanti (hoy coreógrafo y director teatral), Yitzhak Yifat (ginecólogo), y Chaim Oshri, químico investigador de productos lácteos


Y por supuesto, la foto de julio de 1976, en el aeropuerto Ben Gurión cuando los rehenes liberados regresaron de Entebbe en los aviones Hércules de la aviación israelí (aquí también con el receientemente fallecido y admirado piloto de Air France, Michel Bacos).



Qué bonitos éramos en esas épocas. “Los del bello copete y del bello porte” (יפי הבלורית והתואר ... ), como describió famosamente el poeta Haim Guri a los combatientes de la guerra de independencia, y por implicación, a todo lo que se hacía en Israel, la patria nueva-antigua del pueblo judío. Y cómo nos querían en todo el mundo!



Fotos tan emblemáticas de victoria no se han repetido ya por mucho tiempo, y cómo las extrañamos! No hay líder político que se haya visto envuelto en algún confortamiento bélico y que no haya buscado desesperadamente la tal foto, para lo cual ha sido necesario alargar enfrentamientos militares sin tener a mano objetivos claros que se puedan lograr. Muchas veces hemos pagado un precio carísimo por eso, y no hablemos de lo que pagaron los palestinos (nadie cuenta realmente eso en Israel). En este momento estamos, sin duda, a la espera de esa photo-op una vez más. Nadie sabe muy bien cómo se puede llegar a ella y qué contenido podría tener. Ya inventarán algo, digo yo.


Del lado del Hamás, ellos también necesitan su foto, y ya sabemos de antemano cómo se va a ver: una ronda masiva de misiles que finalice el evento, y que demuestre, desde el punto de vista de ellos y para consumo interno y externo, que Israel no pudo disminuir su poderío militar y que ya están listos para la próxima vuelta.


A pesar de todo lo que se habla, la triste verdad es que el gobierno de Israel, con Netanyahu a la cabeza, no tiene ahora, y nunca ha tenido, una estrategia clara contra el Hamás. En las elecciones de 2009, la promesa central de Netanyahu fue “demoler el gobierno de Hamás”. Después fue cambiando gradualmente, como lo muestran los hechos hasta hoy en día, en la dirección de “debilitar al Hamás”, o “golpear al Hamás”, pero nunca más allá de un límite, que podría traer como consecuencia el reforzamiento de la Autoridad Palestina en Ramallah, a la que Israel continúa humillando en toda oportunidad, y hace todo esfuerzo por anularla.


El punto central de la estrategia actual de Israel, si es que puede llamarse así, es “disuadir al Hamás”, o sea, darle a entender que el alto precio que va a pagar la organización, sus líderes, y el pueblo en Gaza (no es que eso le importe mucho a nadie) no les es conveniente. Ese es un objetivo que no se puede definir claramente, ni hay forma de saber si se alcanzó o no. La idea central es que cada tantos años tendremos una nueva ronda, e Israel debe hacer lo posible por alargar la frecuencia entre ronda y ronda y a la vez disminuir la motivación de Hamás de atacar. A pesarr de las declaraciones de los políticos, los resultados de esta vuelta no son muy alentadores para Israel en ese sentido, y no nos sorprenda si pronto volvemos a lo mismo.


Después de diez días de actividades bélicas, en el lado israelí se llegó a 12 muertos, incluyendo dos trabajadores tailandeses y un niño de 5 años (números que pueden crecer ...). Si no fuera por la defensa que la cúpula de hierro nos proporciona, y los refugios adecuados que muchos de nosotros tenemos (pero la población más económicamente débil de Israel está lejos de tener), los cientos de misiles que Hamás ha lanzado hubieran cobrado muchísimas más víctimas en el lado israelí. En el lado Palestino se habla de más de 200 muertos, entre ellos 63 niños. Los heridos se cuentan por cientos, y nadie es capaz de contar los niños y adolescentes en ambos lados que después de tantos años de fuego intenso han desarrollado problemas sicológicos gravísimos. Y ni hablar de los daños materiales directos e indirectos, que todavía están por calcularse.


Es posible que Israel haya destrozado parte de la infraestructura de túneles estratégicos de Gaza (“el metro” – la llaman acá cariñosamente), pero ningún portavoz militar se ha atrevido a decir con certeza cuál fue la magnitud del daño y cuántos terroristas del Hamás fueron eliminados en ese ataque que recibió tanta atención al inciarse la campaña. Sin duda son muchísimo menos de los que los políticos declararon en un principio con mucha fanfarria, y en todo caso hay que recordar que se trata de una fracción infima del total de la fuerza del Hamás, aunque puede que haya entre los muertos algunos líderes combatientes de importancia táctica para ellos. Puede que sí, pero puede que no.


Sólo ayer, miércoles 19, hubo por primera vez una declaración tajante de Rusia (seguidos por otros en Europa y los países árabes), sobre la necesidad de un alto al fuego inmediato. Biden, a quien lo que realmente preocupa en estos días es la recuperación aconómica de su propio pais, había sido muy flexible hasta ahora en lo diplomático para con Israel y sus demandas de cesar el fuego eran muy generales y sin fechas. Sólo ahora las definió más claramente, después de Putin y Macron. Ningún país árabe, u otro, han retirado a diplomáticos, por ahora. Lo mismo los europeos. Y hay que tomar en cuenta que en todos esos países (y no sólo en Israel) los políticos tienen su público al que hay que rendir cuentas y apaciguar de alguna manera, así que no debe extrañar que esto no podría seguir eternamente sin que empiecen las condenas las exigencias.


Pero lo que realmente es de interés, y hay que decirlo claramente, es que tanto Bibi como el Hamás lograron sus verdaderos objetivos ya el primer día de la violencia, el 9 de Mayo pasado, cuando empezó el disparo de misiles hacia Jerusalén. Estoy hablando de los objetivos políticos y personales (que son los que cuentan), y no los militares. Y más aún, si nos fijamos detenidamente, las fotos de la victoria de los dos enemigos cuyos intereses y motivaciones tan diferentes han confluido trágicamente, llevando a este nuevo derramamiento de sangre, ya se publicaron hace tiempo, y solamente hay que saber verlas.


Empecemos por el Hamás. En el año del COVID-19, y no solamente por el COVID sino por la falta de atención a los problemas básicos de la población palestina, tanto el Hamás como la Autoridad Palestina habían llegado a niveles de apoyo bajísimos entre la sufrida población. Las elecciones que la Autoridad Palestina había declarado después de 15 años se postergaron indefinidamente, creando una gran tensión interna y un gran desprestigio. En ese contexto, la lista de objetivos y logros del Hamás es la siguiente:


  1. Recuperarse del desprestigio político alcanzado en el último año entre la población de Gaza,

  2. Establecer en la conciencia de los palestinos y del mundo árabe en general, que Hamás, y nadie fuera de Hamás, son los que pueden y van efectivamente a defender la mezquita de El-Aqsa en Jerusalén, con todo lo que ella representa, frente al “invasor sionista y el occidente”,

  3. Debilitar aún más (con la mirada placentera del gobierno de Israel) a la Autoridad Palestina y su dominio político en la banda occidental, mientras la población local vuelve a agitarse y tal vez vuelve a una nueva intifada con la iniciativa del Hamás, después de algunos años de tranquilidad relativa y crecimiento económico bastante positivo (exceptuando este último año),

  4. Amenazar al aeropuerto internacional de Israel hasta su cierre, y luego lograr que todas la líneas internacionales cancelen sus vuelos hasta nuevo aviso,

  5. Agitar a la población del sur del Líbano, a fin de que se sume activamente a la violencia contra Israel y abra un nuevo frente lo antes posible (justamente hoy se dispararon otros cuatro misiles al norte de Israel),

  6. Y lo más importante: estimular el conflicto interno violento dentro de Israel, entre sus ciudadanos árabes y la mayoría judía, llevando al caos y la pérdida de vidas, de recursos materiales, y sobre todo de la relativa seguridad personal que viven los ciudadanos israelíes en su mayoría.

El último objetivo lo logró el Hamás con creces y con un éxito sin precedentes. Las fotos de los linchamientos de árabes a manos de judíos y de judíos a manos de árabes en las ciudades de Israel, son la mejor foto de victoria que ellos podrían haber deseado.



A la izquierda, Said Mussa, el árabe residente de Ramle que fue salvajemente linchado en Bat-Yam por una turba de judíos. A la derecha, Mor Ganashvili, residente judío de Akko que fue salvajemente linchado por una turba de árabes.


Como acto cargado de simbolismo escalofriante, los salvajes de Bat Yam decidieron terminar su labor golpeando al ya ensangrentado Said nada menos que con la bandera de Israel.




Partes importantes de la sociedad se han horrorizado e indignado ante la violencia interna que explotó, para gran agrado del Hamás. Muchas organizaciones civiles y profesionales israelíes, en las cuales participan ciudadanos árabes al lado de compañeros judíos, tomaron iniciativas dignas de admiración para reestablecer la convivencia entre ambas partes de la población (o por lo menos un semblante de convivencia, que de todas maneras siempre ha sido frágil, discriminatoria, e impregnada de desigualdad) : las sociedades de trabajadores médicos, el mundo académico, la confederación de empresarios industriales, bancos (especialmente le Bank Leumi, con su Chairman árabe y su CEO judío), y otras más. Todos salieron con campañas mediáticas emotivas, en las que llamaban a la calma, la cordura y la convivencia pacífica.


Pero tardará mucho tiempo antes que algún tipo de armonía pueda manifestarse otra vez, y tampoco es seguro que se recupere (en la medida en que alguna vez existió). Por ejemplo, decenas de árabes que pidieron a sus empleadores no venir a trabajar el martes, al haberse declarado una huelga de protesta en el sector árabe y querer identificarse pacíficamente con las víctimas de la violencia interna, fueron despedidos de sus trabajos en el acto. El comandante general de la policía, por otro lado, que es nuevo en su cargo y ha hecho todo error posible en estos días difíciles de las últimas semanas, trató ayer de calmar un poco los ánimos declarando que la policía actuaría de manera contundente, e igualitaria, ante la violencia callejera: “tomaremos graves medidas contra los terroristas de ambos lados”. Esa es una declaración que muchos en Israel recibieron con alivio. Pero es posible que ella le cueste su cargo, o por lo menos una seria reprimenda de parte del ministro Ohana, que ya aclaró que ese tipo de simetría es inaceptable. Una turba de judíos que lincha a palo limpio a un transeúnte árabe casual o destruye deliberadamente tiendas en propiedad de árabes israelíes no es terrorismo para el respetable ministro, y para los que lo apoyan.


Peor aún fue la reacción de los líderes de la derecha ideológica mesiánica que promueve más intensamente que nunca el racismo y la idea de la superioridad judía, encabezados por el notorio Bezalel Smutrich. La compañía de Cellcom, en la cual trabajan muchísimos ciudadanos árabes en cargos técnicos y de servicio al cliente, decidió organizar el martes, por iniciativa común de la dirección y del sindicato un acto de identificación con las víctimas de la violencia dentro de Israel, árabes y judíos, parando el trabajo por una hora, organizando reuniones de trabajadores para hablar y para permitir expresiones de dolor y de angustia ante la situación.



“Participemos todos juntos, en pro de la convivencia, la hermandad y el amor gratuito. No dejemos que algunos extremistas decidan nuestro orden del día”. Esto podría haber sido una gran foto de victoria para la cordura israelí dentro del caos en que estamos viviendo. Pero para Smutrich y sus camaradas este tipo de acto modesto de identificación elemental y mutua con el sufrimiento del prójimo es una amenaza vital. Smutrich llamó a la comunidad que lo apoya, a los colonos, a todas las municipalidades en los territorios conquistados y a las yeshivot, a desconectarse inmediatamente de la compañía y pasarse a otra que sea más patriota. A Cellcom le va a costar caro el haberse manifestado a favor de la convivencia y en contra de la violencia.


El lado opuesto de esta moneda lo vimos ayer miércoles 19.05, en el canal 20, un canal de televisión bastante marginal numéricamente (que obviamente va seguir creciendo y prosperando en la atmósfera que se vive en el país), pero muy importante para la maquinaria de propaganda de Netanyahu. Está compuesto en su totalidad por “periodistas” cuya única función es la de pasar mensajes ultra-nacionalistas y de adulación al líder y señor máximo, al mejor estilo nor-coreano. Al reportar sobre los misiles que habían sido disparados desde el Líbano en horas de la tarde, informó el “corresponsal militar” de la estación, Kobi Finkler, con una sonrisa de satisfacción que no pudo ocultar: “Uno de los misiles ha caído en la cancha de futbol de una población árabe israelí grande en el norte (Shfaram). Muy desafortunadamente para nosotros, eso no causó un número masivo de muertos en este lugar.” Lean otra vez con cuidado si no lo creen, porque mi traducción es correcta: “Muy desafortunadamente para nosotros”. Claro, una cantidad masiva de muertos árabes civiles como la que deseaba este reportero hubiera sido un buenísima foto de victoria para el Hamás, pero también para Finkler mismo, Smutrich y sus asociados. Y la foto vergonzosa de un periodista judío expresando en Israel ideas tan profundamente racistas es ya de por sí una foto de victoria para el Hamás. Kobi Finckler - no olviden el nombre y la foto.



Y si ya hablamos de este tema, otro aspecto realmente preocupante de la situación--y que representa otro logro valiosísimo para el Hamás--es la violencia callejera que se ha desatado contra los medios de información, especialmente contra los tres canales de televisión centrales. Este es un asunto importantísimo de por sí y no podré entrar en él hoy. Diré nada más que la gran figura nefasta que impulsa el odio y la violencia contra los periodistas (pero también contra jueces y otros miembros del sistema judicial), es Yair Netanyahu, quien dirige viciosamente los esfuerzos de “New Media” de apoyo de su papá, e incitación a la violencia contra cualquiera que ose criticarlo, o simplemente informar objetivamente sobre la situación.



Esta foto nos muestra el camarógrafo Rolik Novitski atacado en Tel Aviv, junto con el reportero Yoav Zahavi. Pero eso ya es tema para otro post.


Y para finalizar, hablemos de Netanyahu mismo y de su lista de objetivos y logros ya el primer día de la confrontación militar:


1. Evitar a cualquier precio la formación de una coalición alternativa que pudiera sacarlo de la casa de gobierno en Balfour. Ese era su objetivo claro cuando se dieron algunas iniciativas para subir el nivel de la tensión frente a los árabes en Jerusalén, y lo logró fácilmente, ya que esa coalición posible, como ya expliqué en otra oportunidad, necesitaba el apoyo de los partidos árabes que anteriormente el mismo Netanyahu se trató de granjear. Naftalí Benet, el bravucón que con sólo 6 escaños en la Knesset pretendía ser Primer Ministro al frente de esa coalición alternativa, resultó ser un blandengue a pesar de su cacareo. Ante la presión creciente, directa e indirecta, de Netanyahu y sus entornos, después de tan sólo tres días de iniciado el conflicto actual, se hizo en los pantalones, y declaró que se retiraba de la posible coalición alternativa. Bibi y los suyos se murieron de la risa, y el pequeño Naftul volvió al seno cálido y placentero del Likud y de Bibi, que le ganó la pelea antes de sonar el primer campanazo. Las redes sociales no perdieron la oportunidad de burlarse, justamente, de este pequeño Napoleón, y distribuyeron rápidamente en un meme que podría considerarse la gran foto de la victoria de Netanyahu—rendición incondicional con bandera blanca y todo:


El valiente soldado Naftul


2. Desterrar de la discusión pública toda mención del desastre del 29 de abril en el monte Meirón en el cual murieron 45 personas que vinieron a participar en las festividades que fueron organizadas negligentemente desde todo punto de vist. La tragedia despertó una exigencia pública de crear una comisión investigativa oficial para determinar culpabilidades. Muchos de los allegados a Bibi estaban en la mira y era urgente que esa discusión se silencie de inmediato. Pues bien, ya no hay en el país quien se acuerde eso y no habrá ninguna comisión ni culpables y el próximo año volverán a celebrar en Meirón no 150 mil como este año menguado todavía por el corona, sino medio millón de festejantes. Así como así, 45 muertos sin culpables. Tristemente, este último viernes tuvimos un recordatorio, cuando en una sinagoga ortodoxa en Pisgat Zeev, al lado de Jerusalén, cuya construcción no se había completado y no había permiso de uso, ni autorización de los bomberos ni de la policía, hubo una nueva tragedia causada por negligencia criminal de los organizadores en la que murieron otras dos personas. Hubo mucho ruido ese día y muchas amenazas de que todo se iba a investigar y que los culpables serían traídos a juicio, pero yo supongo que también eso se olvidará y mucho más rápidamente.


3. Llevar a unas nuevas elecciones estando Bibi a la cabeza del gobierno de transición una vez más y así postergar, y eventualmente eliminar totalmente, los juicios por corrupción a los cuales debería someterse, y que podrían llevarlo a la cárcel. La familia imperial se queda en el palacio.


Después de tanto años en que políticos y expertos militares nos explican que un golpe más duro al Hamás es lo que se necesita para devolver la paz y la calma a Israel por mucho años más es difícil seguir creyendo en esos cuentos. Hay que preguntarle a los habitantes de la parte sur de Israel, empezando por la zona que rodea a la franja de Gaza. Ellos llevan casi 20 años sufriendo de los misiles, y de la indiferencia del gobierno. Un misil a Jerusalén o a Tel Aviv es razón para salir a guerra, buscando una foto de victoria, mientras se insinúa que los residentes de la periferia israelí “ya se han acostumbrado”, y si no, que “ya se acostumbrarán”.


Y en verdad se trata de un problema muy complejo cuya solución no es fácil de ver en el horizonte, ni soy yo quien sabe formularla. Pero cuando quien dirige este país y tiene que tomar decisiones tan fundamentales es un político corrupto cuyo primer interés es salvar su pellejo personal, y no ha dudado con ese fin, una vez tras otra, de debilitar sistemáticamente las instituciones de la democracia, los juzgados, la policía, el ministerio de exterior y el del tesoro, y de ensañar partes de la población los unos contra los otros, en esas condiciones es mucho más difícil aún confiar en que cualquier decisión que se tome—incluyendo la apertura y la prolongación de esta campaña con el fin de conseguir una foto de la victoria—se tome en base a consideraciones más o menos razonables y responsables. En la difícil, y casi imposible situación del medio oriente y de Israel en particular, es inconcebible pensar que estamos en las manos de una camarilla de irresponsables, a la cabeza de la cual se encuentra un político que lleva más de 12 años seguidos en el poder, y que sobre su cabeza pesan tres acusaciones de corrupción grave, Benjamín Netanyahu.


Es triste ver dos "fotos de la victoria" de nuestra historia en las que aparece prominente la bandera de Israel de formas tan diferentes. Las coloco juntas aquí, la una al lado de la otra. Creo que ese contraste nos dice algo sobre los cambios que se han dado en nuestra sociedad. Sin duda nos dice algo sobre los mitos con la ayuda de los cuales hemos tratado de entender nuestra realidad.




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ISRAEL VISTA DESDE ADENTRO