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Pesaj 2026: La Victoria Total de Netanyahu

  • Writer: Leo Corry
    Leo Corry
  • 3 days ago
  • 11 min read

Updated: 2 days ago


Los días de Pesaj del año 2026 son los más tristes que se puedan recordar en la historia de nuestro país. Una de las costumbres más esenciales de la cultura judía en Israel está en los encuentros familiares de cada año alrededor de la mesa del Seder, generalmente muy numerosos y alegres. Eso es válido para todas las familias, sean ortodoxas, tradicionalistas o seculares, cada cual según su estilo. Este año, por el miedo a los misiles iraníes–especialmente al movernos en las calles y carreteras del país–y no menos que eso por los ánimos tan decaídos de gran parte de la población, las familias se organizaron de antemano en encuentros muy reducidos, o evitaron del todo realizar el seder. Al final, el deseo de disfrutar del encuentro con aunque sea una parte pequeña de la familia, y sobre todo de no decepcionar a los nietos y nietas que esperan siempre la festividad del seder y los regalos por encontrar el afikoman al final de la cena, fueron las motivaciones principales para no renunciar del todo a la costumbre. 


En los asentamientos cercanos a la frontera del norte, que fueron evacuados hace ya tanto tiempo que uno ni recuerda cuándo eso pasó, el ambiente estuvo lejos de ser festivo. No se realizaron celebraciones masivas y la presencia en el lugar se limitó principalmente a los equipos de seguridad local y fuerzas militares. Durante la víspera y la noche del seder, Hezbollah realizó varios lanzamientos hacia la Alta Galilea. Se activaron alarmas en varias localidades, incluyendo Kiryat Shmona, aunque no se reportaron ráfagas masivas que paralizaran todo el norte. En ciudades un poco más alejadas de la frontera, como Tzfat, Rosh Pina, Haifa y el sur del Golán, los residentes intentaron celebrar el Seder de forma habitual, pero bajo un alto nivel de alerta y permaneciendo cerca de las áreas protegidas. En algunos lugares, la cena fue interrumpida por sirenas, obligando a las familias a trasladarse a los refugios en medio de la lectura de la Hagadá. El fuego del Hezbollah llegó una vez hasta Tel Aviv en medio de la cena. Los iraníes nos tuvieron ocupados y preocupados desde la mañana y también en las horas que precedieron al Seder, pero por alguna razón no nos molestaron durante el Seder mismo. 



Llevamos ya más de un mes en que el León Rugiente ha estado sembrando estragos en Irán con repercusiones en todo el Medio Oriente, y que la Furia Épica del impredecible Trump proporciona explicaciones contradictorias días tras día, a veces varias veces por día, sobre los objetivos de la guerra y sobre la expectativa de cómo y cuándo él dará la campaña por concluida. Pero desde el punto de vista del ciudadano isreelí está cada vez más claro que Netanyahu se acerca a pasos agigantados hacia la victoria total y definitiva de la que tanto le gusta alardear. No en Gaza, donde–a pesar de la destrucción masiva–Hamás sigue siendo el dueño único e indiscutido de la vida civil, a la vez que reconstruye su fuerza militar sin que nadie pueda pararlo. No en el Líbano, donde volvemos ahora con los ojos abiertos a hundirnos en el barro que cobró tantas vidas de libaneses y de soldados israelíes durante décadas. No contra Irán, que a pesar de los logros operativos impresionantes de la aviación israelí, y la decapitación casi completa de la cúpula, sigue creando el caos total en nuestras vidas sin que se aviste algún cambio a corto o a mediano plazo, y que además ha sabido aprovechar muy sabiamente la ventaja de la asimetría de poder destrozando a fondo, con poquísimos cohetes al día, vidas, edificios, y–sobre todo–la rutina normal de todos los israelíes, mientras mantiene el tránsito por el estrecho de Hormuz bajo amenaza con todo lo que eso implica para la estabilidad mundial. No. A pesar de toda la habladuría de paja vacía de contenido con la cual nos llenan la cabeza a diario los comentaristas interminables en los estudios de TV, el gobierno y sus portavoces, la única victoria total de Netanyahu no es en ninguno de esos frentes, sino en el frente que realmente le interesa - el frente interno. 


La victoria total que Netanyahu está cada vez más cerca de obtener es contra nuestra democracia liberal y todas sus instituciones, contra nuestra seguridad y nuestra economía y contra el futuro de nuestro hijos y nietos, contra nuestras libertades y derechos civiles, contra nuestro sistema judicial y en particular contra los que manejan el juicio criminal al que está sometido por cargos de corrupción y en el cual las pruebas contra él son más que contundentes, contra la creación de una comisión nacional independiente que investigue la responsabilidad del gobierno que posibilitó la masacre del 7 de octubre para así poder borrar de la memoria colectiva que bajo su mando se produjo el desastre mayor que conoció el pueblo judío desde el holocausto, contra los medios de comunicación, contra el sistema educativo, las universidades y las instituciones de investigación. Una victoria total contra la idea de que, dentro de la complejidad del medio oriente, podemos vivir en un país que se maneje con la esperanza viva de que se pueda llegar a algún tipo de acuerdo con nuestros vecinos, con un mínimo de normas de decencia y dignidad, y que sea parte de la familia de las naciones, y todo eso sin dejar de velar por la seguridad de sus ciudadanos no sólo frente a enemigos sino también frente al abandono económico y social del que sufren tantos de nuestros ciudadanos por desidia del gobierno. 


Para salvar su pellejo político y esquivar el peso de la ley de este país, Netanyahu ha seguido promoviendo la división y el odio, mientras permite el ascenso y la consolidación de las fuerzas más nefastas de esta sociedad. Él ha destruido las normas cívicas más elementales, y sigue permitido la destrucción sistemática de todo lo que en este país se construyó a fuerza del trabajo incansable de millones de ciudadanos de todos los estratos a lo largo de décadas, pagando un precio carísimo de sangre de soldados y civiles. Y todo esto se ha acentuado y consolidado de manera aterrorizante en este último mes mientras el foco de la atención se concentra en la guerra.  


No soy yo la persona indicada para realizar un análisis geopolítico serio de las metas declaradas de la guerra y en qué medida son justificadas y alcanzables, o de la necesidad de desatar el ataque conjunto de Israel con los EEUU en el momento en que eso sucedió, o de la medida en que la decisión de Trump estuvo directamente influenciada por la presión de Bibi, o de los escenarios posibles en que esto pueda terminar y a qué precio. Sí puedo recomendar al respecto una entrevista muy interesante del periodista israelí Guy Rolnik a Robert Pape, experto en estrategia global de la Universidad de Chicago, que aclara muchos aspectos importantes de la situación actual. Les adelanto un Spoiler: no se trata de una opinión muy optimista. La entrevista es en inglés aunque empieza con una introducción de algunos minutos en hebreo. Pueden escucharla por vía de este link


Pero independientemente de la pregunta si las razones supuestamente estratégicas que condujeron a Netanyahu a ejercer presión sobre Trump y salir a la guerra en la manera en que se hizo eran válidas y justificaban lo que se está viviendo, nunca debemos olvidar que las elecciones en Israel están a la vista y que desde su punto de vista ya estamos en campaña. Netanyahu y su entorno no se van a ahorrar ninguna iniciativa que pueda fortificar sus chances de ser reelegido (o de eliminar del todo las elecciones - eso sería aún mucho mejor para él, y no es descartable que eso pase), y que lleve al público a olvidar la responsabilidad directa que les recae por la debacle del 7 de octubre, y por la manera irresponsable en que han manejado al país desde entonces. Y eso incluye, sin duda alguna, no ahorrar ni a nosotros ni al mundo cualquier guerra que sea oportuna y con muy pocas inhibiciones. No se puede entender lo que estamos viviendo si se ignora este aspecto esencial de la realidad política del país.


Una de las metas declaradas del Rugido del León y de la Furia Épica era la de instalar en Irán un régimen alternativo. La idea de lograr un cambio de régimen a través de un ataque militar, y más aún de un ataque militar puramente aéreo, siempre me pareció una ilusión vacía. Ojalá me equivoque en eso, y que el tiempo traiga un régimen diferente, pero por ahora los hechos indican claramente que tal objetivo no se podrá lograr. Mucha más ilusoria es la idea de que si esta guerra llevase al ascenso de un régimen alternativo en Irán, ese sería necesariamente un régimen favorable a occidente, a Israel o a los EEUU, o más democrático, o menos dañino para su pueblo. Pero tampoco veo que haya una razón para creer que a Trump o a Netanyahu realmente les interese el bienestar del pueblo iraní. 


Más aún, la eliminación de la cúpula de los ayatolas puede ser impresionante a primera vista y uno no va a derramar una lágrima por la desaparición de personajes tan detestables, pero en términos prácticos, el resultado inmediato es la desaparición de la única persona que podía tal vez haber podido detener el avance del programa nuclear iraní, es decir, el mismísimo Alí Khamenei (y los allegados que manejaban el país). Ahora tenemos una nueva cúpula, más extremista y menos experimentada, con la necesidad de establecer control (lo cual no se hace a través de concesiones a Israel o a los EEUU), y además de todo, sedienta de sangre y de venganza. Tienen en sus manos 440 kilos de uranio enriquecido cercano al 60%, con el potencial de llevar en un tiempo no muy largo a la construcción de 11 bombas atómicas. Cabe destacar, además, que en Mayo de 2018, cuando Netanyahu convenció a Trump de retirarse del acuerdo nuclear (JCPOA), Irán cumplía fielmente todas las cláusulas del convenio que le prohibía enriquecer más allá del 3.67%, y estaba bien monitoreado por organismos internacionales. Todos los estrategas serios en Israel declaran terminantemente que la actitud arrogante de Netanyahu que llevó a esa desición fue una tragedia mayor y uno de los errores estratégicos más graves que se hayan podido cometer en toda esta saga del poder nuclear de Irán.


Parecería entonces muy improbable en este momento que Irán se aleje de la vía de la teocracia represiva y fanática. Pero el objetivo paralelo de cambio de régimen político que la guerra sí está ayudando muy eficientemente a completar es el cambio de régimen en Israel, que es el proyecto central que el actual gobierno, su líder supremo y su nefasta coalición iniciaron desde el día en que llegaron al poder en enero de 2023. Al cobijo de la guerra, se ha afianzado durante este mes, día tras día, la realidad en la que Israel sigue su vía segura hacia convertirse en una teocracia mesiánica antidemocrática y antiliberal, que no respeta derechos civiles y persigue a disidentes, que discrimina abiertamente a los ciudadanos árabes, que instituye separación de género en el espacio público, que debilita sistemáticamente la separación de poderes (y la separación de la religión de los asuntos de la vida civil) y concentra toda una fuerza desenfrenada en manos de un líder único y de su entorno, y destituye a los expertos en todos los campos de la vida pública para sustituirlos por nombramientos de incapcaes y corruptos, allegados al gobierno. 


El estado de guerra constante en que nos encontramos interna y externamente con más intensidad que nunca desde que este gobierno funesto asumió el poder ha sido de gran ayuda para consolidar todas estos procesos destructivos y muchos otros más. Durante este último mes, en particular, se nos llama continuamente a mantener la unidad como fuente de poder, y se urge a los ciudadanos a demostrar resiliencia, a no quejarse y no lloriquear por la situación, y hasta a estar tremendamente contentos de la guerra de lujo que nuestro gobierno nos proporciona, mientras asegura nuestra seguridad en el futuro por muchas generaciones. Pero mientras los ciudadanos están día y noche en sus refugios–muchísimos de ellos en condiciones deplorables que el gobierno nunca se tomó la molestia de preparar adecuadamente ante la llegada inminente de momentos como este, y que nuestros líderes ni se toman la molestia de visitar de vez en cuando para ver con sus ojos la triste realidad–se nos miente sistemáticamente, y el gobierno y sus asociados no pierden una oportunidad para avanzar cínicamente medidas extremas.


La policía, impulsada por las politicas abiertas de Ben Gvir, persigue abiertamente y con saña hasta ahora desconocida a las pocas voces de disidencia pacífica contra la guerra sin perdonar ni siquiera a ancianos, como pueden ver en este link a un clip filmado hace un par de días en Tel Aviv o este otro link a un video filmado ayer en Jerusalem.


Los terroristas judíos, apoyados por los políticos de la derecha mesiánica, mientras la derecha tradicional se queda callada, hacen estragos entre los campesinos palestinos en los territorios, mientras el ejército se hace de la vista gorda, protege a los terroristas mismos en sus ataques, y a veces hasta colaboran directamente con ellos. Estos ataques se han multiplicado y recrudecido en este último mes, y los medios no tienen tiempo ni ganas de reportar como se debe.


Les pongo acá un video tomado del canal 11 israelí. Está en hebreo, pero no es estrictamente necesario entender todo lo que se dice. Las imágenes hablan por sí solas.




Pero el ejéricto y la policía sí que tienen tiempo para detener con violencia niños árabes o hasta un joven que sufre de síndrome de Down. Todo esto es parte de la cultura de violencia y de la tendencia promovida por Ben Gvir, Smotrich y sus secuaces, y apoyada por Netanyahu activa o pasivamente, que llevó a la aprobación apresurada de la ley racista contra terroristas árabes, que no aplica a judíos, que se celebró con botellas de chapaña en la Knesset. Y cabe recordar que quien ha impulsado la inciativa de esta ley, Ben Gvir, es de por sí un criminal que fue condenado en 2007 por su apoyo a una organización terrorista (judía), y antes de eso fue uno de los principales incitadores al asesinato de Yitzhak Rabin en 1995, y además se orgullecía de tener en el salón de su casa un retrato del terrorista judío Barcuh Goldstein, que acribilló en febrero de 1994, disparándole por la espalda mientras rezaban, a 29 habitantes del la ciudad de Hebrón.



Es una ley inútil, peligrosa y obviamente inmoral, como se explica acá:



Pero dejo una explicación más detallada de eso para otra oportunidad.


Además, mientras los ciudadanos corren a los refugios, la knesset aprueba en medio de la noche un presupuesto escandaloso que representa un robo abierto del tesoro nacional en pro de los miembros de la coalición y de sus intereses mezquinos–en vez de prepararnos para el desastre económico que se avecina, proporcionar los medios para reconstruir los asentamientos totalmente abandonados y destrozados en el norte, apoyar a los sectores productivos y de enseñanza que pueden prometer crecimiento económico a largo y corto plazo. Ahí está la victoria total de la que Bibi ha estado hablando sin parar.  


En las últimas semanas había planeado varias veces escribir un texto que presente este tipo de puntos de vista y alguna información con perspectivas que son menos conocidas fuera de Israel (y que no necesariamente son unánimemente compartidas dentro del país). Pero el tumulto de eventos ha sido tan intenso y tan complejo, que no he sabido por dónde empezar. Y ni hablar de que tiempo no es lo que me sobra, cuando tenemos que enfrentarnos al manejo de una universidad en situación de emergencia, luego de más de treinta meses en guerra a mayor o menor intensidad. Pero aprovecho estos días de Pesaj–y la estadía obligada en casa por los misiles iraníes que caen sobre nuestras cabezas y la de nuestros hijos y nietos–y trataré ahora de cumplir esta meta. He comenzado con este manifiesto general que da un contexto amplio desde el que se pueda entender más claramente algunos de los temas que me gustaría tocar en los próximos días, asumiendo que el tiempo y la habilidad de concentrarme me lo permita. La lista tentativa de temas aparece acá abajo. Espero que les interese. 


Para finalizar esta parte quisiera contarles que en esta época del año ya ni siquiera sabemos cómo desear a nuestros amigos felicidades en la fiesta. Ya nadie se atreve a decir simplemente y como se acostumbra,  “Hag sameach” (feliz fiesta). Lo que se desea es una fiesta tranquila (חג שקט), y siempre uno lo acompaña con un “dentro de lo que se puede”, “dadas las condiciones”, “relativamente”, o algo por el estilo. O como lo pone el meme que anda por las redes: 




Bueno, entonces eso es también lo que yo deseo hoy, recordando que Pesaj es la fiesta de la primavera, que señala la libertad y la renovación constante, y como tal simboliza la esperanza de los tiempo mejores que pronto llegarán.




Algunos temas que me gustaría desarrollar en los próximos días:


Las mentiras sistemáticas de Netanyahu sobre nuestros éxitos en la guerra


El terrorismo judío rampante e impune en los territorios ocupados


La ley de pena de muerte a terrositas árabes - tan inútil e innecsaria como racista a más no poder


El abandono de los asentamientos del norte por parte del gobierno


La familia Netanyahu - símbolo máximo de la corrupción 


El despacho oficial de Netanyahu se ha vaciado: todos están bajo investigación criminal o han sido expulsados por racistas



 
 
 

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