Unidos Venceremos!! Unidos? Venceremos?
- Leo Corry
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Unidos Venceremos! ביחד ננצח!! Ese ha sido el deseo más profundo de los israelíes desde la masacre del 7 de octubre. Es un grito que se oía en cada esquina y que intentaba proporcionarnos apoyo y seguridad en medio de la incertidumbre …

Es un grito que encuentra eco en todos los canales de televisión, desde el canal 12, que representa la voz del mainstream israelí de centro-derecha (pero que el bibismo prefiere llamar “el canal de la histeria”, o "Al-jazeera israelí" - porque de vez en cuando expresa opiniones críticas a las políticas del gobierno) …

… hasta el mismo canal 14, que es en Israel al bibismo lo que en Venezuela es al chavismo “la hojilla” de Mario Silva (aunque la retórica de Mario Silva es como una canción de cuna si la comparamos con el veneno que el canal 14 sabe producir y difundir con saña inigualable),

Unidos venceremos!! Es como un rezo que aparece en todos los stickers que cubren la faz del país con imágenes de los caídos el día de la masacre y en los ya casi mil días de guerra interminable que hemos vivido desde entonces,

Unidos venceremos! También ha servido de apoyo a campañas publicitarias de todo tipo, como en el caso de la red de supermercados de descuento, Victory, la red de centros comerciales Ofer, el proveedor de servicios de salud Meuhedet, la red de trenes de Israel, y muchos otros welldoers.

“Unidos” (ביחד), también es el nombre que adoptaron, de manera nada sorpresiva, Naftalí Bennet y Yair Lapid, para el nuevo partido con que esperan liderar la coalición que formaría el nuevo gobierno al derrotar próximamente a Netanyahu en las elecciones.

Y pare usted de contar …
Unidos! Todos saben que se trata del deseo más profundo de la gran mayoría de la población, pero a la vez todos sabemos muy bien que se trata de una de las mayores mentiras que afectan la realidad verdadera de nuestras vidas en este país. Nunca estuvo la sociedad israelí más dividida que hoy, y nunca hubo un gobierno que hiciera todo lo posible por profundizar las divisiones y el odio mutuo entre las tribus que componen nuestra sociedad. En realidad es posible que ese sea el mayor logro de este gobierno, fomentar el odio y la división, un desastre del que será muy difícil recuperarnos aún si es que en las próximas elecciones se logre alejar a todo ese grupo de corruptos e ineficientes de sus posiciones de poder (lo cual no es para nada seguro en este momento).
Unida! es también el adjetivo preferido para referirse a Jerusalem, “la capital eterna del pueblo judío”, la capital “reunificada” desde 1967 gracias a los logros militares obtenidos en la guerra de los seis días, plasmados en la icónica foto de David Rubinguer con los paracaidistas llorando emotivamente ante el muro de los lamentos (una foto sobre la que ya comenté acá hace algunos años).

Y la manifestación máxima de esa supuesta reunificación, que celebró esta semana su aniversario 59, es el tradicional “desfile de las banderas” en las calles de la ciudad vieja de la capital, con decenas de miles de participantes. Tal vez esa tradición empezó con buenas intenciones de celebrar lo que se veía hace muchos años como una razón de mucha alegría para todos en Israel, y es posible que algunos israelíes y judíos en el mundo todavía lo vean así.

Pero este desfile se ha convertido con el tiempo en el mayor despliegue de supremacía judía violenta, racista y mesiánica, y en una oportunidad de oro para llevar a cabo agresiones físicas y vandalismo desenfrenado contra árabes residentes de Jerusalén y contra sus propiedades, sin que nadie pueda protegerlos ante la turba salvaje.
VIDEO CREDIT: HAARETZ
Recorriendo las calles pintorescas del barrio cristiano y del barrio musulmán de la ciudad vieja, grupos organizados de la extrema derecha nacionalista-religiosa israelí suelen marchar destruyendo lo que encuentran a su paso y atacando a los comerciantes, mientras entonan cánticos de odio como “Muerte a los árabes” (מוות לערבים), “Mahoma ya murió” (מוחמד מת) “Que se les queme su aldea” (שיישרף לכם הכפר), “Judíos son almas puras, árabes son hijos de puta” (en hebreo rima bien: יהודי הוא נשמה, ערבי הוא בן זונה). Por supuesto que todos los que desfilan lo hacen con grandes kipot que les cubren la cabeza y con tzitziot colgando fuera de la camisa, como símbolos inequívocos de una supuesta devoción religiosa que les sirve de base moral.

Así celebran esos jóvenes tan puros y beatos la reunificación de la capital eterna, en lo que se ha transformado en el gran día de Itamar Ben Gvir y sus esbirros:

El gran día de nuestro flamante ministro de seguridad nacional, convicto en el pasado varias veces por apoyo activo a grupos terroristas judíos, y bien conocido por sus amenazas de alcanzar a Rabin sólo algunos dias antes de su asesinato en 1995, como ya comenté aquí en el pasado.

(Para gran frustración de Ben Gvir, el asesino Yigal Amir se le adelantó en llegar a Rabin, también él por su supuesto con su kipá y sus tztiziot, como evidencia de que actuaba por decreto divino)
Y la violencia se aplica no sólo contra los ciudadanos árabes sino contra cualquier judío que trate de interferir y salvaguardar el orden, en el lugar en que la policía--que se ha tansformado en el brazo ejecutor de las políticas racistas de Ben Gvir--se escapa de cumplir su deber. Pueden verlo en este link.
Eso sí, hay que reconocer que si hacemos una comparación con la violencia cada vez mayor de los terroristas judíos que operan impunemente en los territorios ocupados en Cisjordania (y sobre la cual escribí en mis posts anteriores), generalmente ante la indiferencia del ejército o con su apoyo directo, la violencia del desfile de las banderas se ve como un juego de niños. Tal como lo expresó el periodista Oren Ziv en un artículo reciente:
Ahí (en los territorios) no solo corean “¡Que se les que su aldea!”, sino que directamente van y queman las aldeas. No solo pintan en espacios públicos con aerosol consignas “Muerte a los árabes” , sino que directamente ellos mismos van y los asesinan.
Lo más trágico de toda esta violencia que vivimos, y que el desfile de las banderas lo representa de forma concisa, es que no se escuchan las voces de los rabinos prominentes que llamen a la moderación y al respeto a la vida y a la propiedad ajena. Muchos de ellos, en realidad, son los que incitan a la violencia y la justifican en base a sus interpretaciones de la palabra divina. Siempre han habido grupos rabínicos que tratan de educar en la dirección opuesta, como los del Instituto Hartmann o Rabinos por los Derechos Humanos, pero su influencia es desafortuadamente muy limitada. Y la violencia ha llegado a tal punto que ya se empiezan a oír voces de algunos rabinos de comunidades en los territorios condenando los actos de terror, aunque siempre de manera abstracta y evitando a toda costa mencionar la palabra "palestinos". Too little - too late, me lo temo, y espero equivocarme.
Este silencio que estimula la violencia no es dirigido sólo contra musulmanes, sino también, cada vez con más intensidad, contra el mundo cristiano. Así, hace un par de semanas tuvimos que avergonzarnos hasta la médula al ver a un soldado israelí destrozando a golpes de hacha una estatua de Cristo en el Líbano.

Y luego a otro soldado poniendo un cigarrillo prendido en la mano de una estatua de una virgen, también el Líbano,

También se viven agresiones constantes contra residentes cristianos de Jerusalén, como el ataque violento contra una monja que transitaba pacíficamente por la calle hace un par de semanas.
Ninguno de estos agresores fueron castigados seriamente, más allá de una amonestación y algunos días de cárcel. Nuestro pimer ministro no se atrevió de ninguna manera a declarar claramente y en hebreo, ante los soldados o el público en Israel en general, que ese tipo de acciones son condenables e inacceptables, y que es una vergüenza para todos nosotros, como judíos y como gente decente, que un soldado de nuestro ejército actúe así. Como mucho y como lo acostumbra–cobarde e hipócrita que es–se contentó con un breve comentario en inglés, dirigido sobre todo a grupos evangélicos en los EEUU que todavía nos apoyan, pero que cada vez más expresan opiniones críticas sobre eventos de este tipo.

Sí claro ...
La vergüenza que muchos de nosotros sentimos ante la brutalidad que se ha apoderado de vastas partes de nuestra sociedad fue muy tristemente expresada hace un par de semanas por Tamir Prado, ex comandante en jefe del Mosad, hijo de una sobreviviente del holocausto, después de una visita de varios exgenerales en una aldea palestina en los territorios, que sufre los constantes ataques de terroristas judíos que los rodean.
Vale la pena dedicar unos minutos a ver este reportaje de la televisión israelí:
Y dentro de todo este cuadro de violencia quisiera llamar la atención a un detalle que se notó este año en el desfile de las banderas y que impone ante nosotros, de manera trágica y dolorosa, un espejo que ilustra lo que esta situación significa para nosotros como judíos.
Resulta que algunos comerciantes judíos en las zonas de fricción de la ciudad vieja colocaron el día del desfile carteles que anunciaban "Este negocio es de un judío" o "Propiedad judía".

Ante una foto así, y salvando todas las diferencias, no puedo dejar de pensar directamente (aunque mi analogía inversa pueda resultar molesta para algunos) en la Alemania de los años 30, y específicamente en la noche de cristal de 1938, cuando los esbirros del régimen nazi marcaron los comercios judíos con la Estrella de David o la palabra Jude para señalarlos como objetivo de la violencia, el saqueo y la destrucción.

Que ironía tan triste que en 2026, a casi 90 años de esa tragedia, comerciantes judíos tengan que señalar por iniciativa propia sus comercios para protegerse de sus propios correligionarios radicales, y evitar que las turbas desenfrenadas destruyan su propiedad! En ambos casos la identidad étnico-religiosa fue el único criterio para determinar si un espacio merece ser destruido o respetado. Una práctica que alguna vez se usó para perseguir a los judíos es ahora evocada por los mismos judíos (en un espejo invertido) en las calles de la capital del país que se construyó con tanto esfuerzo para evitar que escenas de este tipo se repitan.
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El desfile de las banderas tuvo lugar el 14 de mayo, y las imágenes que vimos ese día no dejan de resultar dolorosas al pensar hoy en ellas. Mientras tanto, el ritmo de los eventos en Israel es vertiginoso y cada día nos trae nuevas sorpresas desagradables, y agrava los procesos peligrosos de lo que hemos estado viendo en todos los frentes desde que este gobierno asumió hace ya casi cuatro años. De los muchos eventos sobre los cuales quisiera darles mi opinión están los relacionados con la captura de quienes venían en la flotilla de apoyo a Gaza, y el comportamiento brutal y primitivo de Ben Gvir.
Llegó a tal extremo, que el mismo Bibi no tuvo ya más remedio que expresar públicamente su condena a esos actos, no tanto porque tenga él mismo algún problema en que se humille publicamente a los que fueron arrestados, sino por las proyecciones diplomáticas que tiene el video clip que se difundió viralmente por todo el mundo.
El despacho del primer ministro publicó, esta vez en hebreo (totalmente inusual) la siguiente declaración:
Israel tiene todo el derecho a impedir que las flotillas provocadoras de simpatizantes terroristas de Hamás entren en sus aguas territoriales y lleguen a Gaza. Sin embargo, la forma en que el ministro Ben Gvir trató a los activistas de la flotilla es incompatible con los valores y las normas del Estado de Israel. He dado instrucciones a las autoridades competentes para que expulsen a los provocadores lo antes posible.
Y es que el daño diplomático ha sido gravísmo (como si hasta ahora estuvieramos en muy buen estado a nivel internacional) y nuestros embajadores en toda Europa han sido convocados por los gobiernos locales para recibir reprimendas oficiales.

El precio verdadero lo seguiremos pagando todos los israelíes cuando nuestro aislamiento global se profundice más aún, mientras nuestros líderes hacen todo lo posible por convertirnos en un estado paria, rechazado universalmente (bueno, siempre podemos consolarnos con la excusa que de todas maneras todos son unos antisemitas de nacimiento -- la explicación ultimativa que a los israelíes y a muchos judíos en el mundo les gusta invocar ante cualquier mal). Peor aún, si no logramos crear un gobierno alternativo en las próximas elecciones, que serán las más cruciales en la historia de este país no sólo para nosotros, sino para todos los judíos del mundo, los métodos de terror de Ben Gvir, apoyado por Netanyahu, se irán aplicando cada vez más también contra ciudadanos israelíes, judíos y no judíos, que expresen opiniones contrarias y críticias al gobierno. De eso no le cabe duda a nadie.
La crisis moral en que hemos caído es una desgracia de dimensiones colosales, que la violencia del desfile de las bandera, el terror judío en los territorios y el video clip de Ben Gvir humillando a los activistas europeos, no nos permiten ignorar. Y de la misma manera, no podemos ignorar que todo lo que Ben Gvir y sus entornos representan ha sido permitido y estimulado por Benjamín Netanyahu, en su lucha por la supervivencia política a toda costa y a cualquier precio. Aquí seguiremos luchando para llegar a un cambio profundo lo antes posible. No será fácil.
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Para finalizar, los invito a leer dos textos que tienen relación los temas que traté en este post, ambos escritos por el periodista Jonathan Meta. Tal vez quieran suscribirse a su blog, que es muy interesante.
From Jerusalem to Berlin: The Wall No One Tried to Tear Down
The Absurdities of Fanaticism: How nearly three years of war eroded the standards Israel once took for granted