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  • Leo Corry

¿Tendremos esta semana nuestro propio “January 6” en Israel?

El jefe del Shabak, el servicio secreto de seguridad interna en Israel, Nadav Argamán, emitió ayer sábado (05.06.21) un comunicado público alarmante y totalmente insólito. “La retórica incendiaria que estamos viendo en las redes sociales—declaró Argamán—puede llevar a actos que cobren víctimas letales.” Argamán indicó que esa retórica incluye llamados explícitos a la violencia contra individuos específicos. Más importante aún, Argamán hizo un llamado directo a los líderes políticos y a los rabinos influyentes, recordándoles que su deber es calmar los ánimos y no enardecerlos. Hay que detener a toda costa ese tipo de retórica peligrosa, afirmó, antes de que sea interpretada por algunos como un llamado a intimidar, atacar, y hasta asesinar a políticos que han sido acusados repetidamente en las redes sociales de “traidores” y “colaboradores con los terroristas”.




Argamán dirige una organización en la cual se manejan los métodos de recolección de inteligencia más sofisticados del mundo. Pero no hay que disponer de todo ese mecanismo para entender claramente los peligros sobre los cuales él ha advertido y lo potencialmente explosiva que es la semana que estamos iniciando hoy. Lo que Argamán ha dicho lo sabe cualquier persona con un mínimo de cordura y un entendimiento elemental de la realidad israelí actual. Lo que es insólito no es el contenido de su mensaje, sino la vía que escogió para expresarlo. Nunca en nuestra historia ha salido alguien en su posición al público con declaraciones abiertas de este estilo. Ellos tienen un jefe directo que es el Primer Ministro y es a él a quien deben reportar directa y personalmente cualquier situación peligrosa a nivel nacional, que a su juicio requiera intervención.

Nadav Argamán, Jefe del Shabak


Cabe preguntarse, por lo tanto, cuál es la razón de un comportamiento tan extremo e inusual de parte de Argamán, y por qué ha preferido la vía pública a la discreta que corresponde a su cargo. Pero la respuesta es más que obvia: el blanco de la advertencia de Argamán es precisamente su propio jefe, el mismo Primer Ministro, Benjamín Netanyahu y todo su entorno venenoso, dirigido por la nefasta figura del hijo, Yair Netanyahu, y los compinches que lo ayudan en la labor sistemática de difundir esa retórica a la que se refiere Argamán en su declaración. Argamán necesita que el público sepa que ese es su mensaje, pero que quien debería ser el destinatario primordial ni querrá escucharlo ni querrá tomar las medidas necesarias para calmar los ánimos, sino todo lo contrario. Netanyahu calla terminantemente ante la situación y lo mismo puede decirse de sus aliados cercanos, los rabinos ortodoxos. Más aún, los rabinos más influyentes de la derecha mesiánica, que apoya los asentamientos (Druckman, Eliyahu, y Aviner) han expresado su posición claramente: “Hay que hacer todo lo posible para que el nuevo gobierno no tome posesión. Todavía no es tarde para actuar.”




Los Rabinos Druckman y Aviner, y el anuncio que publicaron en respuesta a la declaración de Argamán.


En 1995, el Shabak falló en su tarea de defender al Primer Ministro Rabin, y desde entonces la organización vive bajo la sombra del trauma colectivo que se les creó con el asesinato a manos de Yigal Amir. Entre los agitadore principales que declararon que hay que ser "todo lo posible" por detener los procesos políticos que Rabin puso en marcha (especialmente en los referentes a las negociaciones con los palestinos) estaba Netanyahu, y el apoyo espiritual e ideológico lo recibió de los mismos rabinos. Ningún jefe del Shabak desde aquel entonces está dispuesto a que dirante su cadencia volvamos a vivir en el país lo que para el servicio secreto y para gran parte de la población fue un trauma profundo (y lo que para para otra parte de la población, muy reducida en 1995 y cada vez más grande desde entonces, fue un gran logro y una acción necesaria). Y nunca desde 1995 habíamos vivido una situación en la que tal escenario sea más real que en este momento, y específicamente en la semana que empieza hoy.


En este momento específico de la realidad política israelí, el principal blanco de toda la retórica venenosa que preocupa a Argamán son los miembros de la coalición que Yair Lapid fue capaz de consolidar entre ocho partidos totalmente heterogéneos, que van desde la izquierda ideológica hasta la derecha liberal militante, pasando por el laborismo y los denominados partidos de centro-derecha, y que incluye el apoyo del partido árabe Raam liderado por Mantzur Abbas. Lo que los une en su decisión de formar gobierno, dejando a un lado muchas de sus aspiraciones políticas básicas, es el entendimiento que ante la gravísima crisis política, social y moral que estamos viviendo hay que unirse en un proceso que aleje lo ante posible del poder a Netanyahu y a todo el entorno que aún lo rodea, luego de que silenciaron al país políticamente, arruinaron el funcionamiento de la mayoría de los ministerio y otras instituciones de gobierno, amenzaron a los funcionarios del poder judicial, y contribuyeron como nadie lo hizo antes, con Bibi a la cabeza, a sembrar internamente el odio y a dividir profundamente a la sociedad.


El miércoles pasado casi a la medianoche, minutos antes de que finalice el período formal que se le otorgó para intentarlo, Lapid informó oficialmente al presidente Rivlin que efectivamente había logrado reunir el apoyo de 61 miembros electos de la nueva Knesset para formar gobierno. El logro político de Lapid es digno de elogio, por lo improbable de que lo completara con éxito. Y por esa misma razón, los que lo oponen—o sea, los partidarios de Bibi Netanyahu—van a hacer todo lo posible por deshacer esa coalición alternativa potencial antes del día de la votación en la Knesset. Es suficiente con que tan sólo uno de los 61 retire su apoyo y el gobierno no se juramentará.

Lapid y Benet firman con Abbas el acuerdo de apoyo a la coalición del cambio. Hace algunas semanas, Netanyahu mismo fue quien otorgó legitimidad a la participación activa de Abbas y de su partido en el juego político, al creer que con su ayuda él podría formar gobierno. Al fracasar el intento, Netanyahu y su entrono volvieron al ataque virulento contra todos los politicos árabes, incluyendo el Abbas que tanto habían alabado y ahora tildan nuevamente de "defensor de terroristas".


Aún no está claro si la juramentación será este martes o miércoles, o si tal vez la semana que sigue. Eso ya es parte del juego político en que estamos sumidos, donde los partidarios del actual gobierno, que todavía tienes cierto domino sobre los procesos de juramentación e inicio del trabajo de la nueva Knesset, harán todo lo posible por postergar esa juramentación para tratar de evitarla por varios métodos. Sea cuando sea, cada uno de los 61 miembros ahora electos para la nueva Kensset, que se comprometieron a incorporarse a la coalición del cambio, deberá dar su voto para que se pueda juramentar el nuevo gobierno a la cabeza del cual estará Naftalí Benet con los sólo 6 escaños de su partido Yemina.


“Todo lo posible”, teme Argamán, como temen tantos ciudadanos israelíes que apoyan la coalición alternativa, puede incluir no solamente actos de intimidación verbal hacia los miembros de esa coalición, manifestaciones frente a las casas de los líderes o quienes son considerados como potenciales desertores, intentos de soborno político, o, por sobre todo presiones personales y amenazas graves a familiares y allegados. “Todo lo posible” puede incluir también violencia física y daño personal, incluyendo un posible asesinato político. Las amenazas y la intimidación se realizan en este momento intensamente en las redes sociales, tanto espontáneamente como bajo la orquestación de Yair Netanyahu y su clan. Y en relaidad Argamán mismo ya se volvió, de la noche a la mañana, el nuevo blanco de las flechas venenosas de esa misma retórica sobre la cual advirtió: Yair Netamyahu y sus redes, junto con los líderes de la derecha mesiánica, ya lo trasformaron en “izquierdista”, “traidor”, y “colaborador con los terroristas”. Así es como funciona esa maquinaria de desacreditación y amenazas.


Y cuando Argamán se dirige hoy a “líderes políticos”, para rogarles que calmen los ánimos y no añadan kerosén a la fogata del odio y la incitación, él se refiere a un líder político en particular, el único cuya palabra tal vez pueda influenciar positivamente, pero que se ha negado consistentemente a expresarse en ese sentido y pedir calma y moderación: es el Primer ministro de Israel, sobre el que pesan cargos de corrupción grave y teme por su futuro personal y no sólo el político, Benjamín Netanyahu. En realidad Argamán sabe que no existe posibilidad efectiva que Netanyahu acceda a jugar el rol de moderación, y que, por el contrario, él seguirá consistentemente con su línea agresiva de ataque, directa o indirectamente. Pero ante el trauma histórico de los jefes del Shabak desde el asesinato de Rabin en 1995, Argamán quiere que quede constancia clara y pública de que él entendió la situación, y que advirtió sobre el peligro e intentó frenarlo.



Quemando una pancarta "Benet - Traidor" en una manifestación frente a su casa en Raanana.


Es posible que se repitan en Israel las escenas que se dieron en el capitolio de USA el 6 de enero pasado? Los sistemas políticos de ambos países son muy distintos a nivel formal y tal vez la idea de comparar las dos situaciones no viene al caso. No parece muy probable que veamos un escenario en que los partidarios de Bibi que se negaran a aceptar el resultado del proceso en el cual la coalición alternativa llegue al poder tomen por asalto la Knesset para impedir que se realice el voto de aprobación de la coalición. Es improbable pero no imposible. Mucho más probable, lo sabe bien Argamán y su gente, es la situación en la cual la incitación y la violencia directa lleven a un ataque físico a alguno de los miembros potenciales de la coalición. O, más generalmente, que se cree una situación caótica frente a la violencia creciente en las calles. Lo enfatizo: es necesario que tan sólo uno de entre los 61 se eche para atrás. No en balde dicen los rabinos que es posible lograrlo. Ellos saben muy bien lo que dicen.




La semana que empieza hoy se caracterizará por una escalada en la violencia física, en la gravedad de la retórica y en las amenazas de las que Argamán y todos nosotros, ciudadanos israelíes, hemos sido testigos en las últimas semanas (y ni hablemos de la posibilidad que aún existe de un recrudecimiento de las hostilidades frente al Hamás). Los instigadores dirigirán sus esfuerzos a disuadir a los miembros de partidos de derecha que participan en la coalición alternativa que se vislumbra. La vía es presentarlos como traidores y como colaboradores con el terrorismo islámico, y ejercer sobre ellos y sus familias presión constante y amenazas. Puede que esos instigadores, inspirados por Netanyahu e impulsados directamente por los rabinos ideológicos y los líderes de cuanto grupo extremista existe en este país, logren cumplir sus intenciones y que a fin de cuentas el gobierno de la coalición alternativa no se llegue a juramentar. Me temo que eso es una posibilidad bastante real. En dicho caso iríamos a elecciones por quinta vez en dos años, para gran placer del todos los allegados a Bibi, que seguiría siendo Primer Minsitro interino eternamente si eso es lo que lo deja en el poder.


Pero nadie duda acá (algunos con preocupación creciente, otros con esperanza no disimulada) la posibilidad real de aquello que Argamán decidió declarar de manera abierta y oficial como último recurso en su intento de evitarlo: que esos mismos instigadores, temiendo en algún momento que vayan a fracasar en su intento de disuasión, y ante la inminencia posible de un nuevo gobierno que aleje del poder a Bibi y a sus allegados, prefieran a último momento pasar a la violencia abierta y directa que cobre victimas personales entre políticos o activistas, o entre la población árabe, creando así un caos en el cual no se pueda juramentar el nuevo gobierno. Ese sería el escenario del “January 6” en Israel 2021, que lograría su cometido mucho más exitosamente que lo que las hordas instigadas por Trump lo pudieron hacer en Washington la capital.


Empieza hoy una semana peligrosa y llena de amenazas.

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